Yo… Joro, mercader de Papua, digo estas cosas con mano temblante.
Las calles… plenas de sombras… no son hombres… no son civis… sed figurae obscurae vagantur entre casas y plazas, llevando silencio y temor.
Las puertas cerradas… las tiendas vacías… mas aun… ego spero… hay quien resiste, hay quien no se rinde. Papua puede.
Los Corsarios no aparecen, mas los corazones valientes laten aún, y quizá mañana levantaremos la voz contra la sombra. Siento que algo grande se acerca… magra força, más que nos… mas sé que no todo está perdido.
Escribo esto para quien venga después… ut memoria retineatur… Papua no cederá sin lucha, y siempre, sempre, hay esperanza. Los Corsarios semper prevalecen.
— Joro, mercader corsario con base en Papua


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