A los Capitanes del Navío Corsario,
No he venido a suplicar un rango ni a adornar palabras. He venido a recordaros qué ocurre cuando la bandera corsaria avanza sin freno.
Soy Lucy Hire, y mi nombre no se susurra por respeto, sino por miedo. No se me conoce por pactos, ni por acuerdos de puerto, ni por evitar batallas incómodas. Se me conoce por cubiertas teñidas de sangre, por naves saqueadas hasta el último tablón y por enemigos que aprenden demasiado tarde que huir no siempre es una opción.
No mando hombres.
No negocio voluntades.
Ejecuto.
Ser la amenaza que camina bajo nuestra enseña, el castigo que cae sobre cualquiera que ose desafiarla o mancillarla. Allí donde otros dudan, yo actúo. Allí donde otros hablan de botín, yo hablo de supremacía. Y allí donde otros se esconden, yo avanzo.
No distingo enemigos por conveniencia, sino por lealtad. Todo aquel que no sea fiel a nuestra bandera es presa, y todo aquel que confraternice con el enemigo se coloca voluntariamente en mi mira. Esa es la ley del mar, y yo soy su recordatorio.
No busco poder político ni asiento entre capitanes. Mi lugar está en la primera línea, donde el acero decide y el miedo mantiene el orden. Ya ejerzo este papel sin título; concedérmelo solo hará oficial lo que ya es un hecho conocido en los mares.
Si queréis que la bandera corsaria inspire respeto, que inspire temor y que inspire silencio cuando aparece en el horizonte, entonces sabéis que soy la herramienta adecuada.
Bajo vuestro dictamen queda.
Pero recordad esto:
con rango o sin él, Lucy Hire seguirá siendo la tormenta.


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