Surgidos de las sombras, de entre las grietas de unos húmedos adoquines que resuenan al galopar de un caballo; sobre él, un ostentoso caballero luce una reluciente armadura, brillo sacado con las lenguas cortadas de aquellos a los que silencia, pues la negrura de su alma se oculta tras ese resplandor.
Hastiados están ya los ciudadanos de guerras y combates, de refriegas que salpican de sangre sus fachadas, de gritos de dolor de corazones que se ahogan con sus ansias de libertad con una espada clavada.
Los nobles señores contemplan, desde sus tronos, como el pueblo se sume en la miseria, cómo se ahoga en sangre y vísceras derramadas; sin que ellos… hagan nada. Aquellos a quienes dieron poder ahora se revelan a sus espaldas, toman decisiones sin que ellos… sepan nada. Ciegos inconscientes de tales pecados algunos, mudos sin poder gritar, otros; pero al final el resultado es el mismo, la guerra… conduce a la nada.
Pero mis hermanos y yo no lo consentiremos, haremos reconocer al ciego aquello que no ve y daremos voz al que no puede hablar; temblad caballeros en vuestros pedestales porque ha llegado vuestra hora, somos el Eslabón que falta en la cadena que no os ahoga, pero ahora… no os dejaremos respirar.
Fdo. Nadie


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